Al doblar la esquina-Bea Crespo

Bea Crespo, el poder de la imagen, el poder de la palabra

Tras firmar su segundo año consecutivo en Ilustrísima (Salón del Dibujo y la Ilustración de Madrid) y haber participado y protagonizado diversas exposiciones, tanto colectivas como individuales, la ilustradora Bea Crespo inaugura su primera muestra en una librería, coincidiendo con el cumpleaños de Llanuras.

“Como muchas cosas, mi unión con Llanuras surgió de la amistad, pero no me hizo falta mucho tiempo para darme cuenta de que se trataba de un proyecto bonito, fuerte y necesario. Creí en él desde el primer momento, y sentí que debía y quería poner mi granito de arena”, explica Crespo, que está consiguiendo hacerse un hueco cada vez mayor en el panorama artístico tanto nacional como internacional.

Este granito de arena se materializó inicialmente en el diseño del logotipo de Llanuras, pero al cumplirse el primer aniversario de la web, surgieron nuevas formas de compartir y celebrar ese importante momento: “Surgió la idea de celebrarlo con una exposición en la Librería Alberti, en Madrid. Desde el primer momento supe que quería hablar sobre libros, rebusqué y me di cuenta de la cantidad de libros que tenía con esquinas dobladas en algunas páginas, marcando o subrayando frases que de un modo u otro me habían atraído, a mí o a otros por cuyas manos también pasaron esos libros. Me pareció perfecto hacer un homenaje a estas frases o pedazos de historias que a veces olvidamos, pero que en su momento nos calaron hondo”.

Al doblar la esquina recoge 10 ilustraciones de edición limitada que acompañan a textos de libros que han hecho mella en la artista. De todos esos libros salieron a la luz frases como este extracto de Ray Loriga en Lo peor de todo:

«De todas formas, creo que lo que uno se inventa es más real de lo que a uno le pasa. Al fin y al cabo, lo que a uno le pasa no deja de ser un accidente».

Este de Alessandro Baricco en Océano Mar:

«Aprendió que de entre todas las vidas posibles hay que anclarse a una para poder contemplar, serenamente, todas las otras»

O este de Nicole Krauss en La historia del amor:

«Cuando el mundo se hizo más grande y ya no hubo suficiente hilo para impedir que las cosas que la gente quería decir se dispersaran en el vacío, se inventó el teléfono»

Asomaron la cabeza textos de los clásicos, como este de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad:

«El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo»

De Leon Tolstoi en Anna Karenina:

«Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada»

Este bello texto de Julio Cortázar en la mítica Rayuela:

«Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos»

O uno de Irène Némirovsky en Suite Francesa:

«Es muy probable que todos suframos en nuestro corazón porque las desgracias públicas están hechas de una multitud de desgracias privadas»

Frases y párrafos leídos en fabulosos libros y que sabemos han tocado el corazón de, al menos, una persona, como este de Junot Díaz en Así es como la pierdes:

«Una vez Ana Iris me preguntó si lo quería y le conté sobre las luces en mi antigua casa en la capital, como parpadeaban y nunca sabías si se iban a ir. Tenías que dejar lo que estuvieras haciendo y esperar porque la verdad es que no podías hacer nada hasta que las luces se decidieran. Así, le dije, es como me siento»

El que escribió Albert Camus en El primer hombre:

«Quería sentir su vanidad satisfecha, y en parte ya lo había conseguido, y, sin embargo, en el momento de salir al campo verde, volviéndose hacia Muñoz, súbitamente una sorda tristeza lo acongojó de pronto al ver la cara descompuesta del que había recibido sus golpes. Y supo así que la guerra no es buena, porque vencer a un hombre es tan amargo como ser vencido por él»

O este, que firmó Alice Munro en Demasiada felicidad:

«Al poco tiempo un día él volvió a casa y vio que se había ido. Se habían ido su abrigo y sus botas, su preciosa ropa y el quimono que yo le había llevado. Se habían ido su pelo de caramelo, su manía de hacer cosquillas, el color especial de su piel y sus “uh-uh” mientras se movía. Todo se había ido sin ninguna explicación, ni una sola palabra en un papel. Ni una sola palabra»

Todos estos textos están deliciosamente ilustrados en láminas que permanecerán expuestas, y se podrán adquirir en la Librería Alberti hasta finales de año. No perdáis la oportunidad de daros un paseíto por la librería, para verlas y leer estas frases que quedaron resonando dentro de Bea Crespo, que son un poco suyas, y que también pueden ser un poco vuestras. ¡Feliz Navidad! ¡Feliz lectura!

 

Por  Patricia Magaña

2 thoughts on “Bea Crespo, el poder de la imagen, el poder de la palabra

  1. No se si seré un zote y no lo he encontrado, pero el hecho de no tener un rss o un newsletter que avise sobre las nuevas publicaciones me parece una falta de compromiso (o perdida de engagement ,como decimos ahora) con los lectores tremenda.
    Un saludo.

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